Promesas que Cautivan, Sarah McCarthy

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Sinopsis:

Desde la trágica muerte de su prometida, Puma McKinnely tiene un serio problema: a pesar de haberlo intentado todo, es incapaz de mantener relaciones con una mujer, de modo que acude al peor burdel de la ciudad en un intento desesperado por resolver su problema. Allí le ofrecerán los servicios de Mara, una chica nueva que, con toda seguridad, le hará disfrutar de nuevo; y, efectivamente, el deseo lo inflama tan pronto como la ve.

Pero, cuando Mara, incluso bajo los efectos de una droga, da muerte a la dueña del burdel y su esbirro, Puma es consciente por primera vez de que la chica no estaba allí por propia voluntad. Decide entonces alejarla de aquel lugar mientras aún permanece drogada y se promete a sí mismo que cuidará de aquella menuda y frágil muchacha que tanta pasión despierta en él.

Sin embargo, no ha contado con la terquedad de Mara, que se niega a contraer matrimonio con él a pesar de su precaria situación, ni con el hecho de que las noticias sobre su pasado puedan enturbiar su vida. Y el único camino que conoce para superar las dificultades es alimentar el deseo de la mujer que ama.

 

El primer punto de impacto: la puesta en escena.

El primer capítulo empieza con mucha fuerza y, con un alto grado de erotismo… de hecho empieza con una escena que nos deja con la boca abierta.

Puma, el protagonista entra en un burdel dispuesto a curarse de su extraña impotencia… y la madame decide tomarle como un reto personal y, cuando digo “tomarle”, lo hago en el más “amplio” sentido de la palabra. La buena señora no lo consigue, y le manda con una de sus prostitutas especiales para esos casos: Mara. Y sip, Mara es la prota femenina de esta historia. Puma, nada más verla, se queda prendado de ella, y… pasa lo que pone en el resumen…

Por tanto tenemos el primero de los ingredientes de esta novela, escenas sexuales muy bien narradas, impactantes e imaginativas, en las que todo vale… siempre y cuando sea consentido.

El segundo punto de impacto: Los protagonistas.

Puma es un mestizo, ha sido Marshall, maneja los cuchillos como nadie, es alto, fuerte, musculoso y muy, muy grandote. Ah, y es muy, pero que muy dominante, sobre todo en la cama. O en la mesa, en el suelo, en la bañera, en el sillón… mmm, es dominante, y punto.

Mara es una joven pelirroja que ha ido a parar a un burdel contra su voluntad, y se siente humillada por ello. Le preocupa el “qué dirán, que pensarán”, y se siente mal al saber que la gente no la considera respetable, porque ella no es una puta. No. No lo es. Mara además, es pequeñita, delgada, poquita cosa… y tiene una voluntad que rivaliza con la de Puma.

Y no solo eso. Puma la aterroriza. De hecho las relaciones con los hombres le dan pánico debido a su estancia en el burdel, y Puma tiene el tamaño de tres hombres, aún así, no permite que sus miedos la paralicen… Y Puma la admira por ello.

Puma a pesar de su vena dominante, es un hombre cariñoso, muy atento a las necesidades de su mujer (y no hablo solo en plano sexual), es… como un osito de peluche enfurruñado. La vigila atentamente y cuida de ella, incluso demasiado.

Porque, Mara será poquita cosa, pero tiene la fuerza de voluntad de una leona, y el genio de mil demonios.

Los duelos verbales entre ellos son memorables… y los duelos sexuales son… impactantes.

Y con esto llegamos al…

El tercer punto de impacto: Los amigos de los protagonistas.

Si habéis leído “promesas que unen” y “promesas que atan” (el primero y cuarto libro de la serie) sabréis a quienes me refiero… si no los habéis leído… ¡Ya estáis tardando!

En este libro volvemos a encontrarnos con el Reverendo Brad (un hombre de Dios de lo más insólito –su libro es “Promesas que atan”-), con Clint, el primo de Puma, con Asa, el pistolero de ojos grises metido a ranchero y locamente enamorado de Elisabeth (protagonistas del primer libro “Promesas que unen”) y con Doc y Dorothy, el matrimonio que es el eje de unión de todos estos grandes hombres. También hará su aparición estelar la enorme Millicent, la dueña de la mejor casa de comidas del salvaje oeste.

Entre todos ellos, aconsejaran, cuidaran y “enredaran” a los protas (sobre todo Brad, ese enreda mucho, muchísimo!). Son una panda de amigos bien avenidos, que discuten cuando tienen que discutir, embroman a Puma, apoyan a Mara, y… dan un toque de amistad y humor a la novela que la hace impactante.

Y dicho esto, reconozco que el argumento de este libro está un poco cogido con pinzas, que no tiene una gran trama, y que, en ocasiones, algunas dificultades o escenas, parecen hasta algo infantiles… Pero… Me da lo mismo. Sarah McCarty tiene un estilo que me enamora, unos diálogos que me hacen reír y vibrar, unas escenas hot que me derriten y unos personajes absolutamente adorables.

La ternura de Puma, la voluntad de Mara, la amistad de Asa, Clint y Doc, los enredos de Brad, los planes de Millicent y Dorothy… hacen de él un libro totalmente adictivo.

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