No lo llames amor, Adán.

La semana pasada os conté un poco (muy poquito, lo reconozco) sobre Eva. Hoy le toca el turno a Adán, su partenaire en esta historia.

Adán es el vecino de Eva, es serio, taciturno, reservado, poco dado a las bromas… al menos hasta que conoce a Eva, quien, siendo como es, no puede evitar poner su mundo del revés.

Ahora que ya está colgado el primer capitulo en la web de Planeta de libros (aquí), os voy a colgar un pequeño dialogo entre ellos dos del momento en el que se conocen. Él ha bajado a reclamarle a Eva una travesura que ella le ha hecho a su abuela.

—Mira, bonita…
—Gracias —lo interrumpió Eva de nuevo.
—¿Gracias por qué? —inquirió confundido. ¿A qué venía eso ahora?
—Por llamarme bonita. Mi abuela me enseñó que es de bien nacido ser agradecido.
Adán parpadeó desconcertado.
—No era un piropo —musitó perdido. Era muy difícil seguirle la conversación.
—¿No? Vaya, qué chasco, me había hecho la idea de que te parecía guapa. —Eva hizo un puchero.
—Y me lo pareces —replicó aturdido.
—Gracias. —Ella esbozó una radiante sonrisa que lo dejó obnubilado.
Adán la miró atolondrado antes de comprender que se la había jugado otra vez.
[…]
—Me estoy cansando de esta discusión disparatada. —Apretó los dientes al sentir de nuevo el latido del deseo—. Mira, boni… —Se interrumpió antes de darle un arma con la que pudiera volver  a confundirlo—. Mira, Eva, este juego se acaba aquí y ahora. No vas a volver a meternos nada en el buzón —exigió con voz firme. Le había tocado las narices y pensaba dejarle bien claro quién mandaba allí—. Si vuelvo a encontrar un solo regalito tuyo que pueda considerar ofensivo o de mal gusto, te denunciaré a la policía —la amenazó implacable.
Eva, en respuesta, lo recorrió con la mirada, se detuvo en su torso un instante y luego bajó a su paquete, que, para qué negarlo, estaba un poco hinchado. Fijó los ojos en él y volvió a lamerse los labios.
Adán tuvo que recordarse que, por mucho que en la camiseta pusiera que su fantasía textual era que «la comiera y punto», no era correcto abalanzarse sobre ella en el rellano, besarla, desnudarla y lamerle todo el cuerpo hasta que gritara exigiéndole que la
follara.
—Si vuelves a invadir mi buzón, no dudaré en denunciarte —reiteró, más por distraerla y distraerse él que porque pensara que no le había quedado clara su primera amenaza.
Eva apartó por fin la mirada de su entrepierna para fijarla en sus ojos negros.
—¿Sigues metiéndote calcetines en los calzoncillos para que parezca que estás más dotado? —le preguntó a bocajarro.
Adán la miró aturdido y completamente bloqueado.
—No deberías hacerlo; das falsas ilusiones a las chicas como yo, que rechazan el dicho de que el tamaño no importa. Porque sí importa. Y mucho.

ADAN PIC

 

2 thoughts on “No lo llames amor, Adán.

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